domingo, 4 de marzo de 2012

Llegó a Bogotá el Emperador Napoleón Bonaparte


Llegó por primera vez a Colombia el General, Emperador de Francia y Rey de Italia Napoleón Bonaparte en la Exposición El Emperador Napoleón con la que se pretende reconstruir su vida, sus conquistas militares y mostrar aspectos menos conocidos de este personaje excepcional.

Con más de 300 objetos y obras dignas de figurar en los más grandes museos, provenientes de una colección privada parisina considerada una de las más bellas que existe en el mundo, se invita a realizar un recorrido inédito a través de las obras maestras más excepcionales creadas bajo el Imperio, y con una interesante agenda de conferencias, seminarios y videos para todas las edades.

Al asistir a la exposición podrá penetrar en la intimidad del gran hombre, gracias a sus recuerdos personales y a numerosos presentes, esculturas, pinturas y dibujos de Antonio Canova, Gérard, Prud'hon, Gros, David o Percier y Fontaine y un conjunto extraordinario de porcelanas de Sévres, entre otros.

Además podrá conocer la vajilla y cubiertos vermeil (revestidos en oro) que pertenecieron al Emperador y a su familia, joyas excepcionales de la familia imperial, admirables muebles, magníficos libros encuadernados con las armas, algunos autógrafos, trajes entre los que se podrá observar un sombrero del Emperador y espléndidos tejidos encargados a las manufacturas lionesas para los palacios imperiales.

El Emperador Napoleón llega a Colombia gracias al trabajo de la Fundación QDK, líder en gestión y producción de exposiciones y eventos culturales de primer nivel, al apoyo del Grupo LOWE y al patrocinio de entidades públicas y privadas como el Ministerio de Cultura, la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, Davivienda, Seguros Bolívar, Caracol Radio, Caracol TV, Nestlé, Aviatur y Carrefour. 

Exposición El Emperador Napoleón

22 de febrero al 11 de mayo
Claustro de la Enseñanza, Calle 72 # 7-51

Horario de atención:Domingo: 10:00 a.m. a 6:00 p.m.
Lunes, Martes y Miércoles: 8:30 a.m. a 6:30 p.m.
Jueves, Viernes y Sábados: 8:30 a.m. a 9:00 p.m.


Boletería:  Lunes a Viernes :$20.000
Fin de semana y festivos: $25.000
Estudiantes: $15.000
Reservas paras Colegios en el Teléfono: 3211723.

jueves, 23 de febrero de 2012

NO A LAS MENTIRAS


La Corte Nacional de Justicia de Ecuador, en sentencia que resolvió la demanda interpuesta por el presidente Rafael Correa, confirmó la condena al pago de cuarenta millones de dólares contra el periódico El Universo, de Guayaquil, sus directivos Carlos, César y Nicolás Pérez y el periodista Emilio Palacio, y la condena a tres años de prisión contra los citados señores por las opiniones contenidas en la columna publicada en el periódico El Universo el 6 de febrero de 2011.

Los periódicos afiliados a la Asociación Colombiana de Editores de Diarios y Medios Informativos -Andiarios- publican la columna de opinión 'NO a las mentiras', en Bitacoras de Bogota nos unimos a esta protesta.

'NO a las mentiras'

Por Emilio Palacio

"Esta semana, por segunda ocasión, la Dictadura informó a través de uno de sus voceros que el Dictador está considerando la posibilidad de perdonar a los criminales que se levantaron el 30 de septiembre, por lo que estudia un indulto.

No sé si la propuesta me incluya (según las cadenas dictatoriales, fui uno de los instigadores del golpe); pero de ser así, lo rechazo.

Comprendo que el Dictador (devoto cristiano, hombre de paz) no pierda oportunidad para perdonar a los criminales. Indultó a las mulas del narcotráfico, se compadeció de los asesinos presos en la Penitenciaría del Litoral, les solicitó a los ciudadanos que se dejen robar para que no haya víctimas, cultivó una gran amistad con los invasores de tierras y los convirtió en legisladores, hasta que lo traicionaron. Pero el Ecuador es un Estado laico donde no se permite usar la fe como fundamento jurídico para eximir a los criminales de que paguen sus deudas. Si cometí algún delito, exijo que me lo prueben; de lo contrario, no espero ningún perdón judicial sino las debidas disculpas.

Lo que ocurre en realidad es que el Dictador por fin comprendió (o sus abogados se lo hicieron comprender) que no tiene cómo demostrar el supuesto crimen del 30 de septiembre, ya que todo fue producto de un guión improvisado, en medio del corre-corre, para ocultar la irresponsabilidad del Dictador de irse a meter en un cuartel sublevado, a abrirse la camisa y gritar que lo maten, como todo un luchador de cachacascán que se esfuerza en su show en una carpa de circo de un pueblito olvidado.

A esta altura, todas las 'pruebas' para acusar a los 'golpistas' se han deshilvanado:

El Dictador reconoce que la pésima idea de ir al Regimiento Quito e ingresar a la fuerza fue suya. Pero entonces nadie pudo prepararse para asesinarlo ya que nadie lo esperaba.

El Dictador jura que el exdirector del Hospital de la Policía cerró las puertas para impedir su ingreso. Pero entonces tampoco allí hubo ningún complot porque ni siquiera deseaban verle la cara.

Las balas que asesinaron a los policías desaparecieron, pero no en las oficinas de Fidel Araújo sino en un recinto resguardado por fuerzas leales a la Dictadura.

Para mostrar que el 30 de septiembre no usaba un chaleco blindado, Araújo se colocó uno delante de sus jueces y luego se puso la misma camiseta que llevaba ese día. Sus acusadores tuvieron que sonrojarse ante la palpable demostración de que los chalecos blindados simplemente no se pueden ocultar.

Podría seguir pero el espacio no me lo permite. Sin embargo, ya que el Dictador entendió que debe retroceder con su cuento de fantasmas, le ofrezco una salida: no es el indulto lo que debe tramitar sino la amnistía en la Asamblea Nacional.

La amnistía no es perdón, es olvido jurídico. Implicaría, si se la resuelve, que la sociedad llegó a la conclusión de que el 30 de septiembre se cometieron demasiadas estupideces, de parte y parte, y que sería injusto condenar a unos y premiar a otros.

¿Por qué el Dictador sí pudo proponer la amnistía para los 'pelucones' Gustavo Noboa y Alberto Dahik, pero en cambio quiere indultar a los 'cholos' policías?

El Dictador debería recordar, por último, y esto es muy importante, que con el indulto, en el futuro, un nuevo presidente, quizás enemigo suyo, podría llevarlo ante una corte penal por haber ordenado fuego a discreción y sin previo aviso contra un hospital lleno de civiles y gente inocente.

Los crímenes de lesa humanidad, que no lo olvide, no prescriben."

Domingo 6 de febrero del 2011

miércoles, 2 de noviembre de 2011

OPINET - Sube Petro y baja Uribe?

Ecos de las elecciones del 30 de octubre

En las elecciones presidenciales de 2010, Gustavo Petro solo obtuvo en Bogotá 241.834 votos, luego de que Antanas Mockus capitalizara los votos de la izquierda, alcanzando 774.215 sufragios en la capital. Ante ese fracaso, Petro afirmó que no competiría por la Alcaldía de Bogotá, a la que Samuel Moreno Rojas, en las elecciones de octubre de 2007, accedió con 915.769 votos, que son poco menos de los conseguidos por Petro y Mockus, juntos, el año anterior.
Pero Petro sí se lanzó a la Alcaldía. Para eso tuvo que armar un partido ‘nuevo’, el Progresista, con el fin de despojarse del lastre de corrupción e ineficiencia que carga el Polo Democrático Alternativo tras llevar a la capital a la peor crisis de su historia. En realidad, lo único que hizo fue cambiar de ropaje porque, en esencia, el Polo y el Progresista son lo mismo. Entonces, ¿por qué ganó Petro? La lectura es muy simple: principalmente porque los votantes de izquierda son fieles y disciplinados, de un activismo comprometido. Y si vemos con cuidado los datos podríamos concluir que en la capital hay cerca de 700.000 electores fijos que sufragan por corrientes de izquierda, a los que eventualmente se suman votos de opinión.
Son esos electores disciplinados de izquierda los que acaban de llevar a Petro al segundo cargo del país, otorgándole 721.308 votos (32,16%). Ellos entienden que dividirse es perder y como las posibilidades de triunfo del candidato oficial del Polo eran escasas, solo 32.300 personas (1,44%) ‘botaron’ el voto yéndose con Aurelio Suárez. Entre este y Petro apenas pasan de tres cuartos de millón de votos, lo cual sigue estando lejos de la votación de Samuel Moreno. En cambio, la centro-derecha se dividió de manera irreconciliable y suicida, por lo menos entre cinco candidaturas que no representan visiones de ciudad muy distintas sino apetitos burocráticos propios. El hecho es que entre Peñalosa (559.307), Parody (375.574), Galán (284.989), Luna (93.463) y Castro (10.509) suman más de un 1.3 millones de votos que llegan casi a duplicar la votación de Petro, con 602.534 votos más.
Lo anterior es, sin duda, una nociva y mortal dispersión que no hace más que confundir a los electores, a lo que hay que agregar que el 52.6% de los bogotanos no acudieron a las urnas y de quienes sí lo hicieron, el 67.84% no votaron por Gustavo Petro. Luego, ¿a razón de qué viene el ‘Comandante Aurelio’ a lanzar un discurso de corte presidencial en el que hasta se atrevió a indicarle al presidente Santos que su triunfo es casi un reclamo de que debe hacer la paz con las Farc? ¿En realidad creerá Petro que un triunfo alcanzado gracias a las circunstancias es un mensaje de reconciliación que representa un gran cambio para el país? Si eso es lo que cree, significa que no va a dedicar sus energías a solucionar los problemas de Bogotá sino a incidir en la política nacional, con lo que continuará el sufrimiento de los capitalinos.
Ya Petro dijo que no se lanzará a la Presidencia en el 2014 pero también había dicho que no se iba a lanzar a la Alcaldía. Sea en el 2014 o en el 2018, es obvio que Bogotá es solo un trampolín. Por fortuna, en el resto del país la izquierda es casi inexistente, por lo que es virtualmente imposible que un guerrillero envuelto en un manto de impunidad llegue a la Primera Magistratura, no importa lo bien que le vaya en la capital.
Otro tema interesante que se deriva de estas elecciones regionales es lo que algunos tildan de gran derrota del expresidente Álvaro Uribe, cosa absolutamente fantasiosa. De hecho, el Partido de la U sigue siendo el partido de mayor votación en el país, y el expresidente es su principal figura. El asunto hay que verlo en su contexto. La caída del bipartidismo tradicional incluyó también el derrumbe de las anteojeras que le impedían al elector mirar a los costados. La ‘disciplina para perros’ de liberales y conservadores, obligados a votar solo rojo o solo azul, sin conocer nombres ni propuestas, pasó al olvido hace rato. Hoy lo más común es que la gente vote por combinaciones de la más diversa estirpe sin que ello signifique un conflicto de identidad. La proliferación de múltiples y variadas alianzas ha engendrado un notorio gusto por la política ‘crossover’, en la que cualquier paleta es válida para quien elige libremente: un gobernador verde, un alcalde liberal, un concejal de la U, un diputado conservador, un edil de Cambio Radical, etc.
Otra de las consecuencias más claras es que los votos no son endosables, ni estando pegados de maquinarias ni tampoco estando pegados de la estimación hacia un personaje como el expresidente Uribe. Es decir, por buena imagen que tenga esta no es suficiente para ayudarle a obtener el triunfo a figuras prácticamente desconocidas para la opinión pública como Carlos Mario Estrada y Federico Gutiérrez. Téngase en cuenta que tampoco César Gaviria pudo montar a su candidato a la Alcaldía de Pereira ni Horacio Serpa dejar sucesor en la Gobernación de Santander. Asimismo, la ‘casa Suárez’, que domina el Municipio de Bello desde hace 20 años, se quemó en la tarea de ganar sin rivales. El voto en blanco ganó por primera vez en Colombia por mayoría, lo que obliga a repetir la votación con nuevos candidatos.
Y hay más casos. El Alcalde de Rionegro (Antioquia) Alcides Tobón Echeverri, que ha recibido múltiples premios y nominaciones por su gestión, no pudo elegir a su preferido. A su vez, el poderoso gobernador Fajardo, que arrasó con 922.403 votos (49.44%), apenas nombró a cuatro de los suyos (tres verdes y uno de la ASI) entre 26 diputados a la Asamblea de Antioquia, y tampoco logró imponer a Rosa Acevedo en Itagüí, a pesar de que participó activamente en esa candidatura.
Enilse López, ‘La Gata’, tampoco pudo nombrar a su candidato en su propio pueblo, Magangué (Bolívar); y Juan Carlos Martínez, el exsenador que dice que es más rentable una alcaldía que un embarque (de coca), nombró cuatro gobernadores a expensas de una maquinaria poderosa, pero su intención era poner decenas de candidatos entre alcaldes y gobernadores. Un último dato: el senador Jorge Enrique Robledo, quien el año anterior obtuvo la tercera votación más alta para el Senado con 152.936 votos, apenas pudo transferirle poco más de 30.000 (como ya vimos) a su amigo Aurelio Suárez. Y eso es bueno, significa que en la intimidad del cubículo, el elector, bien o mal, vota como le da la gana.
Sin embargo, así como Petro convirtió en triunfo su derrota de hace 15 meses, el que crea que Uribe y sus ideas están aniquilados se puede llevar una sorpresa mayúscula, sobre todo si continúa el deterioro del orden público y se entra en un apaciguamiento con las guerrillas que favorezca la impunidad. La realidad es que el uribismo seguirá siendo mayoría en Colombia por mucho tiempo.

viernes, 28 de octubre de 2011

LA CIUDAD JAMAS CONTADA - Jose Milciades Murillo Ulloa


José Milciades Murillo Ulloa, participó en La ciudad jamás contada motivado por la convicción de tener una historia que contar. 

Pero el 13 de agosto de 2007, la opción de tener un espacio para que su voz reconstruyera aquellos momentos fundamentales de su vida, se extinguió en la ambulancia que lo trasladaba de la pensión en que vivió sus últimos días hasta el hospital.
 
Fueron muchas las preguntas sin una respuesta cómoda, correcta, metodológicamente previsible, que al interior del proyecto se hicieron: ¿debe seleccionarse un nuevo ciudadano narrador? ¿alguien debe tomar la voz de José? ¿Nos encargamos de ubicar a las personas que lo conocieron? ¿hacemos un relato de muchas voces? 

Pero la respuesta era tan cercana como difícil de ver: Carlos Alberto Casas, su acompañante, el mismo que había seleccionado su texto dentro de muchos, tenía la única clave para entrar a la fragmentada historia de este Niche que arribó a Bogotá en 1983 buscando alternativas, ayuda, soluciones. 

Esa esperanza, a lo largo de más de 20 años, se convirtió en la imposibilidad de contactar de nuevo a su familia por temor a ser juzgado. 

Este hombre que se movió por la ciudad de tantas maneras como pudo, que disfrutó de Transmilenio para llegar a la esquina de la Carrera 15 con 116 en la que, junto a su parche, pedía limosna de 4 a 9 p.m., dejó para La ciudad jamás contada no su historia, sino los rastros que su acompañante plasmó en un diario sobre sus encuentros. 

Este relato no es como los otros, fue atravesado por el destino que le impidió a José Milciades ver impresas sus palabras en estas páginas, a la vez que nuestro intento por no dejarlo en el olvido. 

DESDE QUE EXISTO, MI VIDA NO HA SIDO FÁCIL
 
Junio 8. "Mire hermano, si yo me hubiera quejado en la vida, estaría acostado en una cama y nunca habría sido capaz de salir a la calle". Con esta frase me recibe José Milciades cuando me acerco a conocerlo. 

El escrito con el que participó en La ciudad jamás contada es complejo, humano, contradictorio, por eso lo busco,  quiero conocer más de cerca su realidad, lo encuentro en la calle, en medio del asfalto pidiendo plata a los carros, apoyado en sus rodillas protegidas por unos cauchos para evitar que se pelen. "Es que a mi me ha tocado muy teso todo, me ha tocado siempre llevar del arrume, como decimos en la calle". 

Su vida está marcada por la dificultad de moverse de un lado a otro, y por el recuerdo remoto de sus primeros pasos dados en la pieza donde vivía con su familia en Aguablanca, Cali. 

Fueron sus únicos pasos. La polio que llegó por la ignorancia de su familia, le impidió caminar el resto de su vida. Su niñez transcurrió entre tratamiento y tratamiento.

ESTE TRICICLO ES MI MEDICINA 

Junio 22. El encuentro es en el Carulla de la esquina donde trabaja. Me pide que le empuje su triciclo para poder subir la rampa. En medio de un café y dos empanadas, me cuenta que cuando llegó a Bogotá se movió en un carro de esferas hasta que la suerte le sonrió: "Hace como nueve años estaba trabajando en el semáforo de la Calle 26 con las Américas mientras caía un aguacero. Me había atascado en una alcantarilla y estaba todo mojado. Se me apareció la virgen cuando un señor se asomó desde su carro y me dijo: "¿Le gustaría tener una silla de ruedas Le voy a dar una". 

Yo pensé que era de esos tipos que se aprovechan de uno haciéndole promesas y nada más. Pero igual le dije que si. 

Al otro día apareció, la verdad no me lo esperaba. 

Me dio el triciclo en el que ando hoy., me costó mucho aprenderlo a manejar, me caía y hasta me levanté una uña entera. El señor me contó que tenía a su esposa enferma de cáncer y había ido a hacerle una promesa al Divino Niño para que ella se aliviara, mandó hacer 300 triciclos para repartirlos a personas discapacitadas, nunca volví a verlo, ni supe si la señora se alivió". 

Esta conversación sin destino conocido, va y viene en medio de las grabaciones que acordamos hacer de su voz y las notas que voy tomando. 

La historia aparece: sobrevivió Bogotá recorriendo sus calles en un carro esferado, luego en su triciclo e incluso en una silla de ruedas eléctrica, vivió en un cambuche en El Cartucho y en pensiones de paso en el Centro, metió toda la droga que se le atravesó y que pudo comprar con las monedas que la gente le daba, se alimentó de las sobras de los restaurantes, y se dio cuenta que la única manera de subsistir en la calle era teniendo a la gente de su lado, que alguien como él no podía solo. "Casi siempre me siento atropellado por gente que lo menosprecia a uno en la calle. Hay personas que cuando me les voy a acercar a pedirles plata, y sin que el semáforo haya cambiado, adelantan el carro para que uno no se les arrime. 

Más de una vez me han cogido los dedos de la mano con las llantas". 

¡ESTA CHIMBA NO LA DEBERÍAN COBRAR! 


Julio 3. Nuestro encuentro es en la Avenida Caracas con Calle 25 para acompañarlo en su recorrido de Transmilenio. 

"Yo me demoro como una hora y media desde la pensión, en el barrio Santa Fe, hasta el semáforo de la Calle 116 con 15, no me gusta bajarme en la estación de la 116, porque una vez me quedé atascado con el triciclo en el ascensor, prefiero la de la Calle 125 que tiene rampa y un policía bachiller que me ayuda. 

De ahí llego hasta la Avenida 19 y por la ciclorruta hasta la esquina de la Carrera 15. Ahí me encuentro con los de mi parche: Eliver que vende dulces y cigarrillos, Modesto que tiene una chaza frente a Carulla y vende minutos de celular, y el que vende mandarinas". 

Así transcurre cada día en su lucha por subsistir en Bogotá, entre el verde y el rojo del semáforo. 

Para nadie hay trato especial. La calle es igual de dura con todos.
 

Aunque reconoce que Transmilenio le ha hecho más fácil esta vuelta, refunfuña al entrar a la estación por tener que pagar. 

Cuando sube al bus articulado, aunque nadie está pendiente de él, la gente le abre espacio para que se pueda ubicar en el sitio asignado para discapacitados. 

La ciudad pasa ante sus ojos, respira con algo de esfuerzo y sonríe, dice que es de los pocos espacios en los que no se siente distinto, ni discriminado. 

Es un pasajero más, un ciudadano en plenitud de sus derechos